Como primera medida, una vez definido el concepto requerido, se busca resolver con alguna figura retórica acorde con el mismo, que lo represente, buscando no caer en la obviedad, innovar para persuadir, sin recaer siempre en la misma imagen. De la mano de la figura retórica estará el recurso con el cual se represente, es decir, el estilo estético elegido para resolver el problema.
Luego de tener en claro concepto/ retórica / recurso, podremos entrar mas en detalle.
Se tiene que pensar la jerarquización de la información, para marcar un orden de lectura que acompañe la narración, imponiendo puntos de atención primarios, secundarios y terciarios, lo que generará diferentes categorías a la hora de la lectura. La misma estará resuelta a través de variables de tamaño, peso, color, estilos, entre otros.
Una vez que esta lista la composición, entramos en el campo de la cuarta dimensión, es decir, sonido y movimiento. Se debe tener cuidado con el movimiento de no ser ni agresivos ni agobiantes con respecto a las transiciones de información, para que la misma pueda ser legible, lecturable, ni muy rápida, ni muy lenta.
Y el sonido, es un complemento que acompaña la pieza final, utilizado para marcar ya sea, puntos de persuasión, de pausa, o solo para acompañar la pieza.
Respetando estos puntos generales, e interrelacionándolos a conciencia podremos mantener al espectador como queramos, y a su vez, introducirle mensajes subliminales sin que el mismo sea conciente.
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