Fueron los futuristas los que rompieron con estas restricciones, con la tradición que estaba impuesta hasta este momento; inspirados en el dinamismo que marcó la sobreproducción de maquinarias a causa de la Revolución Industrial , lo que produjo una rebelión en todas las artes, poniendo de manifiesto un nuevo modo de comunicar.
La armonía fue rechazada como una cualidad del diseño, destrozando con la estructuración lineal y con la sintaxis del lenguaje, para dar lugar a aquel dinamismo.
La escritura dejo de funcionar solo como un modo de comunicar y comenzó a atribuírsele otras funcionalidades, como adoptar formas visuales concretas, que a su vez resultan expresivas.
Su principal preocupación fue liberar el potencial expresivo del lenguaje. Ya no se armaban oraciones; la puntuación deja de existir para ellos, obviando las sutilezas del lenguaje, dando lugar a entrecruzar cosas distantes sin vínculos que las conecten. Esto lo lograron con el uso de palabras libres esenciales, que dan lugar a que esas composiciones sean tratadas como puñados de palabras sin orden convencional y con la única preocupación de trasmitir cada una de las vibraciones y sentimientos del autor.
Los futuristas introducen las onomatopeyas para expresar todos los sonidos y ruidos de la vida moderna; revolucionando la armonía tipográfica de la página y agregando una variedad de letras multicolor, proponiendo redoblar la fuerza expresiva de las palabras.
La combinación de todos estos nuevos recursos a las palabras y al lenguaje mismo, da lugar y comienzo a lo que es la tipografía como imagen, consagrándose los pioneros en este nuevo arte de comunicar.
La palabra, desde aquí, ya no solo trasmite significaciones, sino que a su vez, su misma forma funciona como modo de expresión.
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